jueves, 24 de mayo de 2012

Traducción

Sólo queda el recuerdo

01.04.2012 · ¿Debí haberlo sabido?  Nada es tan instructivo como la lectura de los antiguos textos escolares.  Fueron la primera lectura obligatoria, y son los documentos más importantes del espíritu pedagógico de la época.

Por Judith Schalansky

Tuve mi primer trabajo de temporada de vacaciones en el verano de 1994.  Mi tarea consistía en compilar, para el año siguiente, los libros de texto de las catacumbas de una librería entre toneladas de volúmenes vírgenes que serían repartidos en grandes contenedores azules y, ya una vez en la escuela, el curso o la clase, tendrían que ordenarse.
Me gustaba mi trabajo. Me gustaba la idea de que allí, cada libro que había tenido en las manos,  pronto lo llevaría por el lugar algún o alguna estudiante de la ciudad a lo largo del año escolar. Me gustaba que todos esos volúmenes nuevos y brillantes fueran, en el plazo de un año, fuesen abiertos y leídos conjuntamente cuando se diese la orden. Que todas las páginas fueran hojeadas, las lecciones y los temas aprendidos, el vocabulario y las fórmulas utilizadas, los textos originales estudiados y los poemas interpretados. Dentro de estos libros, algo había que debía allanar su camino y concienciar a aquellos cerebros incipientes – si todo iba de acuerdo el plan, según el programa.
Los nuevos libros que allí yacían delante de mí,  en cierto modo, fueron los originales de las asignaturas. Más tarde, se añadirían las copias: hojas de trabajo sueltas cuyos textos y gráficos de la encubierta pátina fueron recubiertos de las repetitivas copias, descoloridas como por arte de magia antes de su ilegibilidad. Estaba claro que no se tardaría mucho en utilizar los ejemplares, quizás el primer día de clase después de unas largas vacaciones, y ya debían entablar relación con su propietario, confrontarlo con informaciones, por las cuales él no había preguntado.
Una idea de todo aquello, lo que uno podía saber.

La gran pregunta era previsible y casi exagerada: ¿Cuándo, por amor de Dios, alguien necesitaría algo de eso? Es un error común pensar que la escuela prepara a uno para la vida, en la cual el conocimiento preempaquetado se enseña según la edad. En pequeñas dosis se servirá la droga  a los niños como a pacientes a los cuales se les administra con el paso de los años, para que finalmente, ésta pueda ejercer su efecto. Aquí, cada fragmento de conocimiento individual, cada pedazo del mismo debe ser almacenado y conservado correctamente en alguna óptima circunvolución cerebral. Una vida larga recuperable.
El hecho es que casi todo se olvida. Sólo queda el recuerdo. Una mirada a los libros de texto le hace a uno en incrédulo, sí, le desconcierta: si todo esto lo debía haber aprendido. ¿Por qué ya no lo recuerdo? Tal vez porque la verdadera tarea de la escuela es la de darnos una idea de todo aquello que uno podría llegar a saber.
Así pasé el verano, tratando de apilar en diferentes niveles los tipos de clases de enseñanza y de lectura de libros, los trabajos y las soluciones, los atlas y los trabajos manuales, con la libreta de apuntes que los padres me traían, ya fuese para comprar a sus hijos un libro determinado o sólo para tomarlo prestado. Los átlas casi siempre se compraban. Merecían  la pena. Por último, ocurrió algo. Un imperio cayó, desapareció un país.
Un estilo atractivo y problemático
El 23 de Noviembre de 1989 - leí en un antiguo cuadernillo de clase ya habíamos tratado en alemán incluso “palabras con ch”. La profesora dictó: el ser humano, los seres humanos, la gente trabajadora, la gente educada, la gente buena. Un par de semanas más tarde, a principios de 1990, suprimió más páginas del libro de lectura. No tratamos ni la infancia de Lenin ni el vuelo de Gagarin alrededor de la tierra, sino que nos aprendimos de memoria un poema acerca de la primavera, incluso antes de que floreciera el primer azafrán. De aquí en adelante, nuestro libro de lectura dejó de estar actualizado.
Poco después nos dieron los nuevos libros de texto, importados de la antigua Alemania Occidental. Mi libro de historia vino de Renania del Norte-Westfalia, con el que poco podía hacer, por ejemplo con los merovingios y carolingios, donde aparecieron una serie de tribus germánicas a las que conquistaron y su imperio se extendió a los Pirineos. De nuevo mi país limitaba al sur por los Alpes, poco tiempo antes formaba parte de los Montes Metálicos.
Pero incluso si no se repasan los acontecimientos históricos que requieren una constante revisión de los manuales escolares. ¿Qué conocimientos y de qué tipo serán transmitidos en ellos? Elaboradas redacciones que llegan a ser tan grandes como las clases masificadas de las aulas, que a veces dan lugar a los nombres kafkianos de las instituciones.  Los libros que preparan a los estudiantes para los exámenes, son en realidad el resultado de los procesos de admisión. No obstante, esto se sigue haciendo, como si su conocimiento fuese prehistórico, intocable,  alejado del presente y de la autoría, lo que lo convierte en un estilo atractivo y problemático.
Escrito por:
Escritora Judith Schalansky ("El cuello de la jirafa", Suhrkamp Verlag, Berlín, 2011) tipógrafa y diseñadora de libros. El texto se trata de una versión ligeramente sintetizada del discurso del "Libro del Año", que tuvo lugar en la Feria del Libro de Leipzig.

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